1411551005737_wps_19_YouTube_KLM_permission_grLa finalidad de una aerolínea comercial es simple, llevarte del punto A al punto B de la manera más efectiva posible. Todo lo demás son detalles. Comodidad, atención, efectividad, tranquilidad, etcétera. Y desde que los directores de marketing comenzaron a explotar todas esas bondades paralelas al negocio, éstas se han visto rodeadas por extraordinarias acciones, tanto en México como en el mundo. Basta con recordar las acciones que realizara Volaris hace no tantos años, como soltar aviones de papel brandeados desde la Torre Latinoamericana, realizar el primer concierto a 30 mil pies de altura (en conjunto con una renombrada marca de sodas), realizar un desfile de modas en pleno vuelo o que un trío de guitarra ofreciera un romántico concierto en pleno 14 de febrero. El cielo es el límite para todas estas ideas. 

Pero no olvidemos que, tarde o temprano, hay que aterrizar. Y, aunque seamos las personas más cuidadosas del planeta, no estamos exentos a olvidar nuestros artículos dentro del avión. Por ello y, por medio de una de las acciones más adorables y entrañables que se han visto en el ámbito de la mercadotecnia, KLM ofrece un servicio único de devolución de objetos perdidos.

Localizar al dueño de un artículo perdido es complicado, por lo que la firma se hizo de un especialista en el rastreo de personas y, con una efectividad del 99.99 por ciento, ha devuelto todo tipo de objetos a sus legítimos dueños. Y siempre, siempre, le arranca una sonrisa al consumidor, no por devolverle sus pertenencias, sino por que el protagonista de esta historia es total y absolutamente inesperado.

 

Que no te de pena sentir un ataque  de ternura infinita. De eso se trata. Aunque no se trate más que de una genial campaña publicitaria, cumple con el cometido. Las emociones forman una parte fundamental en las estrategias de comunicación de las marcas y KLM lo entendió a la perfección.