A estas alturas del partido ya sabemos los resultados de las elecciones presidenciales y, por ende, sabemos qué ocurrirá en los siguientes meses. Ajustes en presupuestos, movimiento de directivos tanto del sector privado como del público, reasignación de cuentas. Pero también habrá un publicista quien, junto a su equipo, brindarán el resto de lo que queda del año con chapmagne y caviar, mientras que otros tres equipos se preguntarán “¿Qué hicimos mal?”, mientras limpian sus escritorios y se preparan para conseguir trabajo.

A lo que voy, mi estimado lector, es a un tema que nos compete, más allá de nuestras preferencias políticas, antes que todo, somos hombres de negocio y estamos en la industria de la imagen, en donde por medio de estrategias y creatividad, vendemos productos. Con esto en mente, le pregunto lo siguiente: el candidato ganador, ¿Debe su victoria a su campaña política? ¿Fue correcto el uso de las herramientas de publicidad y mercadotecnia para hacerse de la mayoría de los votos? ¿Fue el que vendió mejor su imagen ante los votantes o ganó gracias a que hizo todo lo contrario?

Hace 6 meses las tendencias parecían justas, de acuerdo a las miles de encuestas realizadas por todos los medios de comunicación. Pasaron los meses y hubo cambios, si, pero siempre hubo un puntero que se mantenía con más de 20 puntos por encima del segundo lugar. Pero seamos sinceros, su posición de arranque se debió gracias a que su equipo de campaña (o pre-campaña) trabajó durante los últimos 3 años previos al 2012 para crearle una imagen que reflejara sus logros al mismo tiempo que su mejor perfil. Cual héroe de libro vaquero, quien llegaría triunfal a salvar al país del mal gobierno previo.

Del otro lado de la moneda está el candidato de las izquierdas, cuya imagen fue golpeada, vapuleada y denigrada por los medios, la sociedad y él mismo. En su ansia de “justicia” realizó un movimiento social que muy pocos olvidaron y fue el pretexto perfecto del que se afianzaron sus detractores para cerrarle el paso. ¿Y qué hizo su equipo de campaña? Intentó cambiar su imagen negativa por una donde todo parecía ser paz y amor, para después viajar por todo el país y acercarse a la gente, en cuanto transporte público fuera posible. Esto le rindió frutos, pues fue el único candidato de subir su porcentaje en cuanto a preferencias de votos.

Hecho similar el que ocurrió con el candidato que nadie supo de dónde salió, pero todo el mundo sabía para quien trabaja. De no figurar en el mundo de la política y de ser llamado un títere de cierta lideresa sindical, hubo momentos en los que se embolsó hasta el 5 por ciento de preferencia de votos. Nada mal para un candidato que poco había participado en la política nacional y es, más bien, un empresario enfocado en temas de sustentabilidad.

Al final, pero no es menos importante, quedó la primera candidata presidencial que tuvo verdaderas oportunidades de ser victoriosa. Ganó las elecciones internas de su partido, hizo las pases con sus adversarios y arrancó con lo que parecía un sólido 2do puesto en las encuestas y, además, recibió el espaldarazo del Presidente, quien en un inicio le indicó que “estaba a sólo 4 puntos” de quien, en ese entonces, encabezaba las encuestas.

Contrario a lo que se esperaba, la campaña comenzó sin pies ni cabeza, con caos, incongruencias, eventos mal planeados, estrategias mal trazadas, mítines vacíos, preguntas sin respuestas y una acción en medios masivos que tuvo que replantearse más de una vez. Tan mal estaban las cosas que su otrora jefe de campaña abandonó la lucha y dejó el esfuerzo en manos “más preparadas”. Pero el “vuelco de timón” llegó muy tarde.

Esta elecciones presidenciales serán recordadas por el despertar de una juventud que encontró en las redes sociales un nuevo canal de organización, pero también debe fincar precedente en cuanto a cómo se debe hacer una campaña de promoción para un candidato. Los que se “debe” y “no se debe” de hacer cuando se quiere la silla presidencial.