Dos años atrás México vivió uno de lo episodios más extraños e inesperados en su historia. Por un lado, una crisis económica global amenazaba con deteriorar el ritmo de crecimiento en la economía nacional. Por el otro, un brote de influenza afectó a gran parte del país, por lo que el gobierno aconsejó que se suspendieran actividades comerciales y que la gente se guardara en sus casas, con la finalidad de controlar la epidemia.

Si de por sí los presupuestos en mercadotecnia son los más afectados cuando nos golpea una crisis económica, el alto total de actividades a causa de un virus fue la gota que derramó el vaso. Los presupuestos fueron reajustados, eventos fueron cancelados y miles de personas en toda la ciudad de México vieron afectadas sus vidas y empleos.

En el ámbito nacional, no faltó aquél que aprovechó el ambiente de pánico para hacer su agosto al vender cubrebocas que originalmente no cuestan más de $2 hasta en $50 la pieza. De igual manera, hubo farmacias y establecimientos que elevaron los precios de los antibióticos durante la emergencia.

Dentro del plano comercial, productos como el gel limpiador, cloro y jabones desinfectantes alcanzaron ventas estratosféricas, todo gracias a la atmósfera de terror y desinformación que se generó en menos de una semana.

Al día de hoy, parece que la psicología del terror llegó para quedarse. Cuando tengo tiempo para ver televisión, me encuentro con spots en donde una voz en off declama que “una de las dos personas que se encuentran a tu lado morirá por cáncer de piel”, o “si no tomas mi medicamento, es probable que heredes la misma enfermedad de tu padre”.

Miro cómo “líderes de opinión” arriesgan su imagen y credibilidad para informar sobre las consecuencias de no tomar X o Y vitamina; miro a “doctores” que advierten sobre operaciones dolorosas y procesos de curación incómodos si no toman tal medicina preventiva.

Ignoro si este tipo de comerciales hayan causado el impacto adecuado en el público, si la gente corrió a las farmacias hasta agotar el producto. De ser así, seguramente el director de mercadotecnia será una más de esas estrellas de la industria que encontró el nuevo hilo negro para vender fármacos, gusto que seguramente le durará la temporada de calor, lluvias o frío. Pero el saber que su éxito se basó en la manipulación de personas que realmente temen por su salud y que carecen de medios para informarse, lo sabrá por el resto de su vida.

No cabe duda que cada crisis representa una oportunidad, para generar oportunidades, para salir del hoyo. Pero, en teoría, una crisis debería ser motivo de unión, de fortaleza interna, de ayuda a quien lo necesite. Ahí están las empresas que realizan apoyos a organizaciones no gubernamentales, donaciones, que se preocupan por sus empleados y sus familias. Si, somos publicistas y nuestro trabajo es vender, pero ¿A qué costo?