Estamos en la industria de la creatividad en donde la creatividad y las buenas ideas se ven redituadas en el éxito de un producto o servicio. Somos parte del gremio que expone sus mejores propuestas para mantenerse en un mercado muy competido, por lo que cada entrega, cada proyecto, debe ser único.

Sumado a esto, vivimos en la era de las comunicaciones. Antes, lo que ocurría del otro lado del mundo tardaba horas, hasta días, en darle la vuelta al mundo. Al día de hoy, sólo es cuestión de minutos en que una cita textual, una imagen, un video, se viralice por medio del internet. Estamos ante tal exposición, que es posible saber sobre revueltas sociales en el medio oriente, o ser testigos de un monstruoso terremoto en Sudamérica. Y, para bien o para mal, también es mucho más sencillo ver cómo el arduo trabajo creativo es corrompido y utilizado por terceros.

El plagio no es nada nuevo y abarca diferentes industrias. Desde la musical, hasta en la de diseño, fotografía, incluso en el  ámbito literario. Esta práctica tiene a volverse una acción tan común que es preocupante. En México existen instancias que protegen el derecho de autor pero, ¿realmente funciona?

Por ejemplo, la revista digital Highend muestra el caso del video musical Her morning elegance, de Oren Lavie, en donde usa la técnica de stop motion para crear un onírico video.

Dio la casualidad que Loterias del Estado tuvo una idea creativa muy similar y, hasta donde tengo entendido, adquirió los derechos de la misma para producir su spot.

Otro ejemplo muy claro de “tomar prestada una idea” son los comerciales de Yoo y Steren, quienes pautan en la televisión mexicana una versión venida a menos de una campaña que durante años le ha redituado de manera positiva a la marca Apple.

Aquí está el original:

Y aquí está el que es “parecido”.

Y, para terminar, también existe el robo de idea interactiva con sitios web. Una prueba de ello es lo acontecido con el sitio web de la agencia w360, cuyo sitio, de acuerdo con lo publicado por El Publicista, fue imitado por otra firma, llamada Great Marketing. Curiosamente, ambas cuentan con el concepto creativo que usó en su momento el sitio oficial de Leo Burnett.

Estos son sólo unos pocos ejemplos de cuando un homenaje a una gran idea se convierte en un robo intelectual. Las ideas son de quien las piensa y el respeto al trabajo ajeno debería predominar sobre las necesidades de terceros. Pero, estoy seguro, no será la última vez que nos topemos con ideas creativas que se duplican por gracia y obra de la coincidencia.